miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL CAMBIO ESTÁ POR LLEGAR.

1.


Mis ojos comenzaron a abrirse, de fondo se escuchaba la televisión y precibía la voz de Jorge Javier Vázquez comentando la inminente entrada en la cárcel de la coplera Isabel Pantoja, ¿cómo no? era lo que siempre se escuchaba a esas horas en la casa de mis padres. Mi madre estaba deseando que ese personaje le cayera lo más grande, desde siempre le ha tenido un odio tremendo y nunca lo llegaría a entender porque nunca la había conocido en persona. Siempre había pensado que si hay que odiar a alguien es porque te hubieran hecho algún mal personal, pero bueno era el entretenimiento que ella solía tener todas las tardes desde que se quedó viuda hace más de 3 años, aunque realmente no era lo único que hacía, por suerte, ya que realizaba otras actividades pero ese programa le tenía cierta predilección y mientras estuviera contenta, ¿qué más da?.

Me encontraba en la cama, me estaba desvelando de una siesta que se me había hecho muy corta, me tenía que levantar y comenzar a prepararme para irme a mi trabajo, bueno si a lo que me dedicaba se le podía llamar trabajo pero era lo que me mantenía sin necesidad de depender de la pensión de mi vieja madre. Ya tenía una cierta edad y no me gustaba depender de ella, con lo que yo ganaba podría independizarme pero no quería separarme de mi madre la cual, aunque se encontraba perfectamente y podía estar sola perfectamente, si le ocurría algo, tenía instalado, la teleasistencia y estos me podían avisar, pero al menos ella podía sentirse acompañada por mí y mi hija pequeña.

Me llamo Lola, vivo en un barrio humilde y con cierta solera de la ciudad en la que nací hace casi ya tres décadas, sin cumplir aún. Tengo una hija maravillosa de 4 años, la cual dicen que se parece muchísimo a mí, ya no sólo en el físico sino también en el caracter, es alegre, cariñosa, simpática, atrevida, richarachera, curiosa a más no poder, vamos un torbellino, siempre está de un lado para otro y no está quieta, sólo fue escuchar que estaba desvelándome y sentirla correr desde el salón, en el que se encontraba con mi madre y echarse sobre la cama para darme un beso. En un principio eso me molestaba mucho, porque siempre me ponía de los nervios y no me dejaba despertarme a gusto, pero era ver como ella me clavaba su mirada azabache, su larga melena rizada y negra, su tez café con leche y su inocente sonrisa de perlas blancas, que no podía remediar poder enfadarme con ella.

- ¡Mamá! ¿ya estás despierta? dime que hoy te vas quedar en casa, que quiero enseñarte lo que mi profesora me ha enviado de deberes.

Esas palabras me estremecían y me hacían sentirme mal, pero tenía que ir a trabajar y no podía faltar porque sino, mi niña no podría estar como está de bien.

Me levantaba dándole un inmenso abrazo y beso a mi única niña.

- ¡Yohana!, sabes bien que a estas horas no puedo, me debo a mi trabajo y hasta mañana no regreso, pero te prometo que mañana me quedaré contigo y vemos las cosas que estás haciendo.

Me sentía fatal, porque era lo que siempre le decía para que se quedase tranquila y nunca lo realizaba, pero era cierto, me debía a mi deber y que no me faltase, porque sino no podríamos tener ciertos privilegios, así que me levantaba, me apresuraba a ponerme la ropa de faena, el mono de trabajo naranja y azul de la empresa de limpieza y me tomaba un café cargado para poder aguantar mi jornada de tarde-noche-madrugada.

Me disponía a despedirme de mi madre, la cual aún estaba escuchando y viendo incrédula la inminente entrada a prisión de la famosa coplera. Me iba a la calle y sin mediar apenas palabra con el vecino de enfrente que parecía que me tenía pillada la hora de salida, siempre coíncidíamos en el pasillo, era el único momento del día que coincidíamos, ¿tal vez me estaba espiando y se hacía el tonto para coincidir conmigo en el ascensor?, el caso es que el chaval, de más o menos mi edad, apenas me decía nada, se limitaba a decir cortézmente las buenas tardes y se ponía a mirarme de manera disimulada, como sino me diera cuenta de ello, pero yo también me hacía la tonta, la verdad es que el chico me agradaba, llevaba tan sólo 1 mes que se había mudado al piso de enfrente y desde que lo ví me causó muy buena impresión. Es alto, moreno, con una mirada preciosa, usaba lentes, eso sí un poco escaso de pelo, pero le hacía interesante, o al menos eso me parecía a mí, tímido a más no poder y educado. Tal vez sería momento de decirle algo, pero no me atrevía porque eso conllevaría a intimar y como que no estaba dispuesta a que entre un hombre más en mi vida. y tampoco quería que supiera más de mí, ya tenía yo suficiente con lo que tenía encima que no era poco.

Me despedía del vecino al terminar de bajar por el ascensor y cada uno se iba para un lado diferente, quería pensar que entre él y yo no habría nada y mejor que no lo hubiera, bueno o tal vez era mi imaginación y el chico no quería nada conmigo, pero la forma en la que me miraba y saludaba le delataba, y es normal, y no es por presumir, pero soy una chica que ha tenido una vida sentimental muy activa desde que había cumplido los 16 años. Siempre había sido la sensación de los chicos porque siempre destacaba por mi físico de chica morena con rasgos árabes, con grandes pechos y cintura delgada. Me lo decían muchos hombres porque mi profesión hacía que me relacionara con muchos, de diferentes situaciones sentimentales, que no paraban de decirmelo, llegando a un extremo de agotamiento, pero tenía que aguantarlos porque era a lo que me dedicaba.

En realidad mi mono de trabajo era una tapadera para que mi madre no supiera a lo que realmente me dedicaba. La prostitución. Se de buena tinta que si ella se enteraba la mataría en vida, no hubiera consentido que me hubiera dedicado a ello pero no quería que ella me mantuviera con una hija, sé que lo habría hecho con mucho gusto, pero no lo hubiera consentido. Pero ya ha sufrido ella demasiado con mi difunto padre, y con mi época de adolescencia y no quería que sufriera más porque me viera sin poder mantener a mi hija.

La situación en el país era cada vez más insostenible, no paraban de salir en la tele noticias relacionadas con la corrupción política y con los empresarios que estaban llegando a la ruína y despidiendo a gente, pero yo sabía muy bien que eso no era así, mis clientes eran personas muy solventes y con gran poder y me pagaban grandes cantidades de dinero por hacerle compañía en fiestas privadas y en convenciones, así que dinero había, lo malo es que lo malgastaban.

Desde que mi ex marido me abandonó con una niña recien nacida no encontraba trabajo de lo que había estudiado (administrativo), ni de lo más remoto como era de limpiadora, y eso que yo antes de quedarme embarazada estaba trabajando de lo mío, pero desde que mi ex jefe se enteró que estaba en cinta me despidió, luego fue el abandono de mi pareja y encontrarme sin trabajo. La muerte de mi padre, que gracias a Dios se lo llevaba, porque nos había hecho pasar a mi madre y a mi un infierno,  y el continuo rechazo de futuros trabajos que no cuajaban, hizo que hace cosa de 1 año me planteara vender lo que tantos hombres deseaban tener entre sus manos, mi cuerpo.

No había sido fácil la decición pero era la vía que tenía de escape en esos instantes para no estar mantenida por mi madre y poder así darle un buen futuro a mi criatura más querida. Me había inventado que aprobaba unas oposiciones para la limpieza de las calles de la ciudad y me había hecho con un mono de trabajo para hacerla creer que estaba trabajando por las noches, y así disimulaba mi posición de puta que tenía en la realidad.

CONTINUARÁ

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