jueves, 6 de noviembre de 2014

EL CAMBIO ESTÁ POR LLEGAR.

2.

Llegaba a mi lugar de trabajo, una apartamento privado, en el otro extremo de la ciudad, al menos así evitaba que me puideran reconocer,  lo tenía alquilado junto con otra compañera de la profesión, una amiga que si habría estado en casa de relax y que había conocido casualmente en una fiesta, y sería la que me ayudara y me plantease entrar en este mundo. Eramos independientes, no dependíamos de nadie ni de una madán ni un chulo, la verdad es que nos lo habíamos montado muy bien. Habíamos colocado anuncios acompañados por fotos nuestras, eso sí, con las caras tapadas para evitar que nos reconocieran y desde que lo habíamos hecho no paraban de llamarnos señores para que le aplicásemos nuestros servicios. La mayoría hombres maduros, muy solventes y con puestos relevantes en la sociedad, casados, divorciados, solteros, de todas las clases.

Al principio me costaba un poco, pero como siempre había sido una chica muy extrovertida, a los pocos días de comenzar mi nueva andadura, iba siendo más atrevida con mis clientes, les hacía pasar un rato inolvidable, sentir que eran grandes, aunque la mayoría no me hacían satisfacer completamente, la mayoría era verme desnuda y comenzar a jadear y temblar. Llegaba a tener clientes que me llamaban para que le acompañase a fiestas, ahí si que lo ganaba muy bien, llegando a ganar 1.000€ en una noche, obviamente era un dinero rápido, pero no era sencillo como todo el mundo se piensa, para conseguirlo tenía que tragar mucho y ser muy hipócrita, hubiera preferido estar limpiando la mierda de los waters de una empresa aunque ganase mucho menos, pero es que de ese trabajo no me llamaban y como ya había dicho anteriormente no quería que mi madre estuviera pagándome a mi y a mi hija, así que me lo tomaba con filosofía y tragaba lo que fuera por mi hija y la verdad es que en esta profesión, trabajo no me faltaba porque no paraban de salirme clientes y la verdad era muy buena. 

Recuerdo que mi primera vez con 16 años, lo hice con un chico mayor que yo, era guapísimo, musculado y con un torso que parecía estar sincelado por los mismos dioses del olímpo, estaba tan a gusto con él que me dejé llevar y había sido un fracaso, el chico no sabía moverse, se quejaba por cualquier cosa que le hiciera, era muy delicado, parecía mentira que tanto músculo no sirviera de nada. La verdad es que desde los 16 años no me han faltado hombres que me vanagloriasen por mi escultural cuerpo y yo me aprovechaba de ello, siempre les sacaba alguna invitación a cambio de un magreo, pero era porque a mi me apetecía hacérselo porque me gustaba el chico, pero ahora me gustase o no debia hacérselo, pero bueno, al cabo es lo mismo ¿no? y así conseguía dinero.

Todo iba muy bien, lo ganaba bien, a mi hija no le faltaba de nada, y como yo no era una chica de muchos lujos, ni siempre me había gustado aparentar que vivo bien, la mayor parte del dinero que ganaba lo destinaba a un fondo de jubilaciones y a ahorrarlo para los momentos de vacas flacas o para cuando mi juventud se pasase y ya no fuera un atractivo para los hombres, porque la verdad sea dicha, yo iba envejeciendo y mi cuerpo se iba deformando y algún día llegará que ya no sea del gusto para mis clientes. Así que tampoco levantaba sospechas a mi madre porque si me viera con alguna joya, las cuales no me parecían atractivas, y en menos de un mes más de un cliente me ha regalado algún colgante para lucirlo en alguna fiesta, me preguntaría que ¿cómo la he conseguido con un trabajo de barrendera? y no pararía de hacerme un cuestionario exhaustivo de como habría conseguido esa joya, así que me desprendías de ellas, las guardaba en mi apartamento y me la colocaba para el cliente que me las había regalado para su mayor "gloria".

Estaba llevando una vida doble, por un lado con mi hija y mi madre, de una forma humilde y sencilla, pero apenas existente, ya que siempre que llegaba a mi casa a primeras horas de la mañana, mi hija ya estaba en el colegio y mi madre haciendo de comer, descansaba un poco, la ayudaba en las tareas de casa, almorzaba, esperaba a mi hija llegar de su colegio, comíamos juntas y me iba a tomar la siesta, apenas 5 ó 6 horas dormía, me despertaba a las 19:30, merendaba algo ligero y me iba a trabajar y aunque había muchas noches que después de acompañar a algún señor de negocios, nos íbamos a la habitación le practicaba una felación, luego dos posturas y en cuestión de poco tiempo se quedaba frito, como cobraba por horas me podría pasar 4 horas durmiendo y cobrándolas, luego se despertaba temprano, otra mamada y se iba tan a gusto a sus negocios y una servidora para su casa. Una noche redonda y 800€ en una sola noche, parecía sencillo pero no es así, porque realizaba cosas que no deseaba, pero era lo que había.

Muchas veces llegaba a pensar si estaba haciendo bien, pero yo no era la que pagaba, no era la que estaba gastando el dinero a cambio de sexo, tan sólo lo recibía y nadie me obligaba, podría parar cuando quisiera, lo estaba ganando muy bien, también es verdad que muchos días estos señores tan solventes no me neceitaban, y habría tardes-noches que no ganaba nada o prácticamente nada y era muy consciente que este trabajo no me iba a durar toda la vida, que habría algún año que estos clientes dejásen de llamarme, obviamente no estaba cotizando aunque yo invirtiera mi dinero en un plan de jubilación. 

Yo podría haber empleado mi dinero en comprarme un gran coche, en vestirme de lujo pero no me hacía falta, mi coche era un seat ibiza, el que había conseguido pagarme cuando estaba trabajando de administriva, siempre me había enseñado mi madre a mirar por el dinero, así que nunca me dió por hacer locuras, aunque hubiera estado tentada en más de una ocación, pero podía vivir bien y a mi hija no le faltaba de nada, y era eso lo que me hacía sentir bien. Y no levantaba sospechas a nadie porque llevaba la vida de una persona normal.

Como había dicho había tardes-noches que mis clientes más solventes no requerían de mis servicios, y era cuando apenas trabajaba, a veces me llamaban desde los anuncios otra clase de señores menos solventes y con menos poderes, pero que de vez en cuando o una sóla vez en sus vidas podrían permitirse una de mis tarifas más baratas y la mínima que me despachaba, unos 50€ por media horita en mi apartamento,  estos clientes solían ser los que conseguía por medio de mi anuncio en una web de contactos, me llamaban un poco confusos y sospechando que fuera la mujer del anuncio y cuando llegaban a la casa se amaravillaban de que fuera real, se íban contentos y a lo mejor ya no los volvía a ver, solían ser hombres maduros amargados y con una vida sexual aburrida y buscaban algo fresco y nuevo. 

Una tarde sonó mi móvil y escuché la voz de un joven tímido que buscaba información y cómo podríamos vernos, le antendí y le dije donde podríamos encontrarnos. me contestó tímidamente y se le notaba muy nervioso y balbuceante, me dijo que si podría acercarse a verme en una media hora y colgó muy apresuradamente.

Pasaron unos 30 minutos, mientras me había preparado como solía hacer con todas mis visitas, me daba una ducha y me colocaba una exuberante ropa de lencería para amaravillar al cliente,  Llamaron a la puerta y mis tacones comenzaron a sonar por el parquet del apartamento acercándose a la puerta, abrí la puerta y mi sorpresa fue al ver que se trataba de un muchacho de más o menos mi edad y que me resultaba muy conocido.

CONTINUARÁ

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