3.
Le abrí la puerta al chico, siempre les recibo abriéndole la puerta y escondida tras ella para evitar que algún vecino del apartamento salga y me vea en ropa interior, aunque el apartamento y la zona donde ejercía era de lo más respetuosa y en el tiempo que llevaba nunca me había cruzado con algún vecino.Aunque había mirado por le mirilla de la puerta al chico no lo había reconocido, pero al verlo entrar me había comentando a mi misma: ¡¡Tierra, Trágame!!. Resultaba que era mi vecino de enfrente, el que siempre me encontraba cuando salía a trabajar y nos mirábamos disimuladamente en el ascensor, él no me había visto aún pero no tardó en hacerlo y su reacción fue de sorpresa.
- ¡¡Vaya!!, tú, ... tú,....
Comenzó a tartajear asombrado pero a la vez exitado.
Yo también reaccioné algo aturdida y llena de sorpresa pero también un poco desconcertada y algo enfadada contesté.
- ¡¡Coño!! ¡¡Joder!! mira que hay putas en la ciudad y has tenido que dar conmigo.
El chico, asombrado me dijo:
- Estooo, no lo sabía, siempre que te he visto pensaba que eras barrendera, y nunca me hubiera imaginado que fueras la chica del anuncio...
Claro, ¿cómo se lo iba a imaginar? si apenas nos conocíamos y siempre que me veía era con el mono del supuesto trabajo que desempeñaba, y en las fotos de internet no se me veía la cara, sólo el cuerpo.
Y ahora ¿qué hacía?... si ya era el chico un poco cortado, en ese instante estaba temblando.
- ¡¡Bueno!! ¿qué hago? ¿prefieres que me vaya y hago como que no te he visto?
Las preguntas que mi vecino me había hecho me hizo estremecer y comenzar a tenerle ternura y algo de cariño, ¿él qué iba a saber? y además parecía que no tenía la intención de hacerme daño alguno, estaba dispuesto a irse después de haber cruzado toda la ciudad para tener un rato de sexo, además el chico está de buen ver y comenzó a entrarme la curiosidad de ver que había detrás de esos baqueros y esa camiseta.
Así que lo invité a pasar y comenzaría a sacarle conversación...
- Bueno, ya que nos conocemos tan sólo de un buenas tardes y un adios y de coincidir durante una semana casi todas las tardes en el ascensor y de descubrir mi verdadera profesión, ¿cómo te llamas?
- Me llamo Sergio,...
Me había contestado de una manera muy cortada y como no dando crédito de lo que estaba haciendo pero resultaba dulce ver como intentaba evitarme en la mirada. así que eso me estaba agradando porque parecía que me quería respetar y había decido darle un beso en la boca para tranquilizarlo, normalmente no solía besar a ningún cliente de esa manera, mis besos a clientes eran simples picos y algún muerdecito sin importancia, pero este chico me transmitía algo diferente, sería ternura y lo notaba muy nervioso y quería tranquilizarlo.
Él se había sentido confuso y perplejo al recibir dicho beso pero segudamente me miró, tenía una mirada penetrante, dulce y arrebatadora, me recordaba a un actor de series y de cine muy popular y que gustaba a muchas mujeres, sin dudarlo comenzó a besarme y yo me comencé a dejarme. Besaba de maravilla, me sorprendía como siendo tan tímido podría besar así, y había estado con muchos hombres más atrevidos que él y nunca lo habían hecho como él lo estaba haciendo, así que pronto comenzaría a dejarme llevar y a no recordar que era mi vecino.
De repente él había decidido cortar y a pedirme disculpas, yo que parecía estar drogada por su beso, el cual no sabría decir si había durado mucho o poco, la sensación de calor que me produjo era tal que me había dado coraje de que hubiera cortado y comenzara a pedirme discúlpas.
- Lo siento, lo siento mucho, si quieres me voy.
Me insistía mucho en irse si yo se lo pedía, pero quería que se quedase, ya que estaba allí quería conocerlo y le contesté con ternura:
- ¡Tranquilo Sergio!, ¡Tranquilo! no pasa nada, tú ¿ha qué has decidido venir aquí? ¿a follar? pues hagámoslo, eso sí, te pido un poco de discreción y si te cruzas con mi madre, no le digas nada, te lo pido por favor...
- Uys, tranquila vecina... no sería capaz de hacer algo así, además a mi tampoco me gustaría que se supiera que he venido aquí.
- ¿Estás casado?
Era lo normal entre mis clientes, pero me había sorprendido su respuesta.
- Nooo, para nada, si lo estuviera no habría solicitado tus servicios.
Me había hecho soltar una carcajada enorme, cómo sino hubiera hombres casados que solicitan mis servicios y los de mi compañera a diestro y siniestro.
- Sergio, no te preocupes, es normal que un hombre esté cansado de su mujer y desee experimentar con otras mujeres. no es lo que debería ser por moralidad pero es muy cotidiano creéme.
Se había sorprendido, puso una cara de sorpresa cuando le había dicho eso.
- Vale Lidia, tú dirás eso, porque estarás acostumbrada, pero yo no soy así, si estoy con una mujer es porque la quiero y no quisiera estar con nadie más, y si he venido aquí es porque llevo mucho tiempo sin practicar sexo con una mujer y no ligo absolutamente nada, no creas que ha sido fácil que me decidiera hacer tal cosa, pero estaba cansado de salir a las discotecas y no conseguir nada, de ir a clases de baile de salón y sí, divertirme bailando con las chicas pero que no llegásemos a más, y cansado del cinco contra uno frente al ordenador.
Se estaba sincerando conmigo, no sabía decir si era cierto o no pero me sorprendía que lleváse tiempo sin tener sexo, aparentemente el chico no estaba mal, eso sí, muy tímido pero por otro lado muy bien, así que ni corta ni perezosa me acerqué y le dí otro beso y comencé a meterle mano.
No lo estaba viendo pero su torzo parecía estar bien, no estaba muy duro, típico de gimnasio pero tampoco estaba flácido de obeso, Sergio no era ni gordo ni estaba cachas, estaba más bien normal, pero me había asombrado cuando mi mano había comenzado a quitarle el cinturón y a meterle mano en su ego, y ¡¡Madre mía!! la tenía muy erecta y se notaba que era enorme, me había comenzado a poner nerviosa, este chico todo lo que tenia de tímido lo tenía de desarrollado, menuda polla.
Estaba nerviosa en cuanto descubrí su desarrolado pene y se lo dije, el chico había sonreido y me había preguntado
- ¿Realmente eso importa? ¿o me lo estás diciendo por decir?, seguro que se lo dirás a todos.
Esa afirmación que había salido de Sergio, me había caído como un jarro de agua fría y había decidido no seguir aunque estaba deseando seguir y comérmela, estaba espléndida, muy derecha y erecta y la mirada del chico era de placer pero a la vez atónito.
- ¿Qué sucede Lidia? (era mi nombre de profesión, aunque fueramos vecinos él aún no sabía mi nombre).
- ¿Te crees que porque sea puta voy a ser una farsa?
Me había salido de manera natural, estaba muy molesta porque era la primera vez que hablaba con verdaderos sentimientos, ese beso del que nos habíamos fundido me estaba haciendo sentir como una mujer, nunca lo había sentido antes, ni con mis parejas de cuando era una cría ni obviamente con mis clientes de hoy día, y para una vez que soy sincera me había molestado mucho. Así que le dije que se pusiera sus baqueros y se marchase por donde había venido.
- Estooo, pero y ¿eso?
- Ni peros ni nada, te he dicho que te vista y te vayas por donde has venido, seré puta pero no una farsa, así que márchate.
- Y ¿tengo que pagarte?
- No, necesito tu dinero, así que márchate...
Me estaba dando pena porque me estaba gustando y el chico podría tener algo de razón, pero no me sentía a gusto que me tratase como una chica farsa y sin querer cogerle el dinero, puesto que no habíamos hecho nada, Sergio perplejo pero sin rechistar se fue enfundando sus baqueros y tapando su espléndido miembro y con la cabeza agachada comenzaba a marcharse del apartamento.
Antes de llegar a la puerta giraría y me diría:
- Lidia,...
- No me llamo Lidia, le había cortado para aclararle algo. sino Lola, ese es mi verdadero nombre, y espero que no te lo tomes a mal pero no me gusta trabajar si me hacen sentir que soy un farsa. ¿qué quieres? ¿por qué no te vas?
Más perplejo y confuso, a parte de que estaba muy nervioso, se quedó callado y mirándome, su mirada era penetrante y sincera, y tal vez su timidez y bondad le hacía que estuviera como estaba realmente a dos velas sin sexo, se le notaba que mucha autoestima no tenía porque le había parecido muy extravagante que le dijera que tenía un pene precioso y enorme, pensaría que yo era así de farsa, pero estaba molesta. Podría tener mucha razón Sergio y que eso se lo dijera a todos mis clientes, él era otro cliente, y en realidad a todos mis clientes les hacía ver que tenían unos grandes atributos y estaba siendo muy falsa con ellos, pero él era diferente y por eso me había sentido tan mal, además estaba esperando otra cita que estaba a punto de llegar y aunque estaba realmente caliente con él, ya no se me apetecía tener sexo con Sergio, así que ya no me importaba que se fuera.
- ¿Podríamos vernos en otro momento? me había preguntado antes de marcharse.
- Nos vemos todas las tardes a la misma hora desde que eres mi vecino.
- Si, cierto, pero eso no quita que te mire ya con otros ojos y no creo que te gustase que en el rellano te pregunte si te apetecería que nos volviéramos a ver en tu trabajo, pero descuida, que después de haberme dejado con ganas y no aceptar la realidad de que pueda dudar de tí, no volveré a dirigirte la palabra e intentaré no cruzarme contigo, ya que viéndote como te estoy viendo, (estaba con lencería muy fina blanca de encajes que destacaba mucho sobre mi piel canela y con los pezones medio salientes ya que la talla del sujetador era una menor a la que normalmente uso para que así destacásen más mis enormes pechos naturales) nunca más te podré ver con tan buenos ojos como antes lo hacía Lola y a pesar de haber descubierto lo que eres realmente lo seguía haciendo. así que has perdido un cliente, pero total a tí ¿qué más te dará?
Y girando su cabeza perdiéndose su mirada penetrante, cogía la puerta y se marchaba sin decir más nada y comenzaría a sentarme mal conmigo misma.
CONTINUARÁ
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