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La tarde seguía su curso, no entendía porque me había portado así con Sergio, tal vez el que hubiera dudado de mi palabra, aún pudiendo tener un poco de razón, una prostituta no es sincera en muchas ocaciones, pero él había sido diferente, y por eso me había sentdo mal tras su marcha, pero la tarde-noche seguía su curso. Todo íba normal, algún que otro cliente de mediana edad que reclamaba mis sentidos, algo coyuntural. Se acercaba la noche cerrada y me llamaba un cliente especial, digo especial porque era de los que me pagaba bien, no porque fuera de mi predilección.Sonaba el teléfono:
- ¿Lidia?, era especial pero no sabía mi nombre real.
- Estáte preparada en una hora, iré a recogerte para cenar y pasar la noche juntos, le he dicho a mi mujer que esta noche no me espere porque estaré liado con temas de la junta, me tienen ya cansado con el temita de los cambios que quieren que realicemos, necesito desahogarme y te necesito, así que deja todo lo que tengas que hacer y ponte guapa con el colgante que te regalé.
Se trataba de Don José Fernández, de unos 50 años, concretamente del concejal del ayuntamiento de la ciudad y el que me había regalado dicho colgante del que sólo me lo colocaba para sus visitas. Me iba a llevar a un restaurante muy exclusivo y elegante y luego a pasar la noche en un chalet en una zona residencial a las afueras de la gran urbe.
Como era de esperar, a la hora y poco Don José, venía a recogerme, para la ocasión me había puesto un traje azul de palabra de honor, para así lucir con más espléndor el colgante de pedrería fina, con falda a la altura por encima de las rodillas, pero no muy corta y con una raja que casi llegaba a la zona de la pélvis, a juego unos zapatos de color blanco y un recogido de pelo con algunos tirabuzones.
Don José al verme se le notaba que se le íban los ojos pero nunca me decía nada, era por ello, su avanzada edad y su poca delicadeza por lo que no le sentía ningún aprecio, si me permitía estar con él era por su dinero, podía enteder perfectamente porque su mujer ya no le echaba ni cuenta, pero tenía que fingir estar a gusto con semejante individuo sino también se me podría acaber mi chollo.
Nos encontrábamos en el restuarante comiendo, estaba escuchando las contínuas parrafadas que soltaba José sobre su trabajo, de la posibilidades que habría de que le quitásen el cargo ya que la oposción y un nuevo partido político, que había surgido hace poco, el cual estába causando un gran furor entre las masas por su líder, que mi cliente estába agobiado porque se veía que se le íba a acabar el chollo que estaba teniendo, ya que se aproximaban unas elecciones locales para el próximo año y verdaderamente el equipo de gobierno de Pepe, como le llamaba yo exclusivamente y sus más allegados, no lo habían hecho nada de bien y se veían que no serían elegidos. Vamos lo que se le llama que tenían un verdadero marrón.
Pepe no dejaba de hablar de sus problemas, de su falta de liquidez para arreglar ciertos asuntos y de que la gente no estaban comprendían, y en cambio, aunque le hacía creer que lo estaba escuchando, en realidad mi mente estaba en dos cosas. Una en la cantidad de cosas que este hombre podría haber realizado si hubiera sido más consecuente con el dinero que ganaba, la de cantidad de dinero que se ha gastado en mí y a saber si en otras mujeres, no creo que fuera de su sueldo de político, porque era alrededor de 1.000€ lo que yo podría ganar por esa noche y no sólo una noche al mes, sino unas 3 ó 4 las que podría pasar conmigo en un sólo mes y se de buena tinta, que yo no era la única, me conozco a unas pocas compañeras que han estado con él y en alguna ocasión especial dos o tres juntas en alguna orgía que planteaba él y sus amigos. En realidad no se lo que ganaría un consejal, pero no creo que fuera tanto, pero bueno, en realidad eso no me importaba mucho, yo hacía lo que tenía que hacer y ese no era mi problema sino de él.
Mientras que Pepe hablaba y hablaba, no podía remediar pensar en Sergio, en su mirada, en lo que me había hecho sentir, algo que nunca había experimentado cuando él me había besado, sólo fue un instante y que me hizo enfadar por su increíble sinceridad y timidez. Nose lo que fue pero no dejaba de pensar en él, tenía que intentar disimular porque Pepe no dejaba de hablar.
Acabada la cena nos disponíamos a ir a su mansión a las afueras, estaba colocada en la falda de un monte a unos 20 minutos de la ciudad. Entrábamos en la habitación, no era la primera vez que lo hacía pero cada vez que lo hacía me quedaba prendada con las maravillosas vistas que tenía de la ciudad y más aún de noche, parecía un portal de Belén con las lucecitas encendidas y más espectacular cuando había una increíble luna llena.
La verdad que el lujo era impresionante y que engatuzaba a cualquiera, a veces Pepe me decía que si seguía portándome bien podría heredar esa mansión, pero claro eso se lo decía a todas sus putitas, pero según él yo era su favorita.
El caso es que tras esas enormes paredes de cristal, que durante el día desde fuera se veía totalmente negro y que de noche, como estába apartada de toda civilización no nos podrían ver si encendíamos las luces, así que era un espectáculo lo que se percibía desde allí en la más completa intimidad.
Eran cerca de la medianoche cuando me disponía a realizarle a mi cliente un masaje tántrico, como era de esperar a las 2 horas, quedaba rendido después de haberle puesto toda mi artillería de mujer encima y por muchas pastillas que tomase no aguantaba mucho, así que terminaba rendido en la cama, en cambio yo me quedaba sentada, tapada con las sábanas y observando la ciudad desde la panorámica habitación y preguntándome si realmente esta era la vida que yo deseaba y de la mirada penetrante de Sergio.
CONTINUARÁ
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